A simple vista parecía un día más, pero ella sabía que no era así.
Había madrugado y estaba viajando en barco para encontrarse de nuevo con su gato.
Acababa de conseguir otra meta de su vida y no se sentía eufórica; de vez en cuando lo pensaba y se le iluminaba una sonrisa pero como no lo había ansiado tanto tiempo y se imaginaba que acabaría teniendolo no le dió tanta importancia.
Por fin tenía coche. Fue de casualidad, un familiar se ofreció para regalarle el que ya no usaba y sin plantearse los costes que le supondría mantenerlo aceptó.
Ahí estaba ella, con un bolso como único equipaje, cons sus vaqueros desgastados y sus botas color camel, leyendo en la cafetería del barco, aunque más que imaginar lo que leía pensaba en cuál sería su próximo objetivo o, mejor dicho, cómo conseguirlo.
Hasta ahora las cosas materiales le habían salido rodades y sin embargo se sentía vacía. Seguía sola y eso le dolía.
[...]
Aunque no todos le correspondiesen como ella quisiera.
[...]pero ella estaba tan obcecada [...] que nunca terminaba de creerle.
Pasó hacia atrás las páginas del libro que leía. No sabía en que punto de la historia había perdido la lectura y se había puesto a pensar en otra cosa. ¿Por dónde iba? ah si, por aquí... Siguió leyendo.
A su lado izquiero el océano. La silueta de un islote rompía perfecta línea del horizonte que se dibujaba sobre el mar infinito.
El mar la tranquilizaba. Le gustaba observar las olas chocando contra el barco y la estela blanca del motor marcada por los restos de combustible que delinea el recorrido del buque.
Soñó con ser sirena durante un rato para poder perderse en el mar infinito y evadirse del mundo.
Alzó la vista del libro. La cafetería había empezado a llenarse de gente con la intención de saciar su apetito. No había reparado en el olor antes pero el nauseabundo hedor a tocino, salchichas y demás frituras que inundaba desde hacía rato el interior del barco le hizo recoger sus pertenencias de ese lugar y acomodarse en la cubierta.
Ultimamente no tenía ganas de de comer y todo le daba asco, sin embargo se sentía flácida, gorda e inapetecible para cualquier persona del sexo contrario.
¿Estaría deprimida? No quiso pensar en ello. Volvió a abri el libro e hizo tiempo hasta llegar a puerto.
Se subió en su coche nuevo y se dirigió a su casa. En el camino no pudo evitar reparar una vez más en las gentes y en su conducta porque le ayudaba a definir el cómo debería ser la suya propia.
¡Cuánta gordura! se decía. Observaba perpleja barrigas reblanquidas que asomaban por debajo de los jerseys de invierno.
Eran mujeres en su mayoría, presumidas las que más, de unos cuarenta y tantos años; seguro que ellas se ven guapas, pero no se dan cuenta de la alimentación que llevan. ¿Y a caso la mia es mejor? Hoy solo he bebido Coca-cola (eso si, light), una Fanta naranja, chocolate y dos bocadillos, ninguno de ellos saludable.
¿Realmente estaba en posición de juzgar a nadie? notaba como el michelín le pedía a gritos que se desabrochase el pantalón.
Se dijo para sí que iba a empezar a cuidarse y que su siguiente meta sería mantener una dieta más sana, tomar el sol (que falta le hacía) y hacer algo de ejercicio.
Si quiero que me quieran primiero me tendré que querer a mi misma y para eso tengo que estar contenta con mi cuerpo.
[...]
Por fin llegó a casa. Su gato maulló para que le cogiera en brazos. Tiró el bolso sobre el sillón, se quitó las botas y con su gato en brazos subió las escaleras para irse a dormir.
No quería saber más del mundo por hoy.
Bolet.
Novedades II
Hace 3 días

Solo un libro te recomendare, si quieres lo lees si no pues no.
ResponderSuprimirDios vuelve en una Harley. Joan Brady